Muchas mujeres describen la misma sensación: una presión constante en la parte baja del abdomen, la percepción de que algo «cuelga» o «baja», o incluso notar una protuberancia al asearse. A menudo pasan meses —o años— antes de consultar a un especialista. La vergüenza, el desconocimiento o asumir que es algo inevitable con la edad hacen que muchas lo vivan en silencio.

Sin embargo, tiene nombre —prolapso de órganos pélvicos— y, lo más importante, tiene soluciones eficaces.

Comparativa entre condición normal y prolapso de órganos pélvicos: cistocele, descenso uterino y rectocele
Niveles de soporte pélvico comprometidos: cistocele (vejiga), descenso uterino y rectocele (recto).

¿Qué es exactamente un prolapso?

El suelo pélvico es una estructura de músculos y ligamentos que actúa como una especie de hamaca: sostiene el útero, la vejiga y el recto en su posición correcta. Cuando esa musculatura se debilita —por partos, por la menopausia, por el paso del tiempo o por esfuerzos repetidos— uno o varios de esos órganos pueden desplazarse y «caer» hacia la pared vaginal.

No es algo que haya que «aguantar». Es una condición tratable con los abordajes adecuados.

El prolapso puede afectar a la vejiga (cistocele), al recto (rectocele) o al útero. En muchos casos hay más de un órgano implicado. Si quieres entender mejor qué ocurre cuando es el útero el que desciende, te lo explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre el prolapso uterino o útero caído. El grado de descenso determina tanto los síntomas como el tratamiento más apropiado.

¿Cómo sé si lo que siento es un prolapso?

Los síntomas son bastante característicos, aunque varían según el órgano afectado y la severidad. Muchos coinciden con los de otras disfunciones del suelo pélvico, como la incontinencia urinaria:

  • Sensación de bulto o protuberancia Notar algo que «asoma» al asearse, al terminar de orinar o al estar mucho tiempo de pie.
  • Pesadez pélvica persistente Presión en la zona baja del abdomen que suele empeorar a lo largo del día o después de hacer esfuerzos físicos.
  • Problemas para orinar Necesidad frecuente de ir al baño, sensación de vaciado incompleto o pérdidas de orina. Si este es tu síntoma principal, puede que te resulte útil también nuestro artículo sobre tratamientos para la incontinencia urinaria.
  • Incomodidad en las relaciones sexuales El desplazamiento de los tejidos puede provocar molestias o cambios en la sensación durante el coito.

¿Cuándo consultar? Si reconoces alguno de estos síntomas, especialmente la sensación de bulto o la pesadez pélvica, lo más recomendable es pedir una valoración ginecológica. Un diagnóstico temprano amplía mucho las opciones de tratamiento y puede evitar que el prolapso progrese.

El diagnóstico: un abordaje personalizado

En Clínica Pedrosa evaluamos cada caso de forma individualizada. El proceso empieza siempre con una exploración ginecológica detallada —a cargo de la Dra. Concepción Pedrosa o la Dra. María Carbonell— para determinar el grado del prolapso y qué órganos están implicados.

A partir de ahí, se incorporan otros especialistas según lo que cada caso requiera. Inma Ruiz, nuestra fisioterapeuta especializada en fisioterapia de suelo pélvico, evalúa la fuerza y coordinación de la musculatura perineal. En casos seleccionados, la Dra. Laura Revelles valora si hay indicación para tratamientos regenerativos, y el Dr. Jordi Ponce —experto en cirugía ginecológica robótica y laparoscópica— entra en juego cuando el prolapso requiere corrección quirúrgica.

¿Qué tratamientos existen?

La opción terapéutica depende del grado del prolapso, los síntomas y las circunstancias de cada paciente. No hay una respuesta única. En líneas generales, el abanico va desde el tratamiento conservador hasta la cirugía:

Opción ¿Cuándo se indica?
Fisioterapia de suelo pélvico Grados leves o moderados. También como preparación antes de una cirugía para fortalecer la musculatura de base.
Láser vaginal Prolapsos iniciales o como complemento. Estimula el colágeno de las mucosas y mejora la tonicidad del tejido vaginal sin cirugía.
Cirugía laparoscópica Prolapsos severos o cuando los tratamientos conservadores no son suficientes. Se prioriza siempre la mínima invasión.

En muchos casos, el tratamiento más eficaz combina varias de estas opciones. Por ejemplo, fisioterapia de suelo pélvico más láser vaginal en fases iniciales, o trabajo de rehabilitación antes y después de una intervención quirúrgica. También puede ser muy relevante la fisioterapia postparto en mujeres que han tenido un parto vaginal reciente, ya que es uno de los factores de riesgo más frecuentes para el desarrollo de un prolapso.

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¿Reconoces alguno de estos síntomas?

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